La concentración del poder no es fortaleza, es debilidad.
Un liderazgo sólido no le teme al control: lo necesita.
La oposición es fundamental para marcar los puntos que uno no ve y mejorar la gestión pública. Para eso nuestra Constitución fijó la división de poderes, para que funcionen con verdadera independencia y equilibrio.
Gobernar bien exige escuchar otras voces y rendir cuentas, nunca concentrar el poder.